| 3 cuotas de $7.633,33 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $22.900 |
| 1 cuota de $22.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $22.900 |
| 3 cuotas de $8.329,49 | Total $24.988,48 | |
| 6 cuotas de $4.530,38 | Total $27.182,30 | |
| 9 cuotas de $3.796,05 | Total $34.164,51 | |
| 12 cuotas de $3.209,24 | Total $38.510,93 |
| 3 cuotas de $8.417,27 | Total $25.251,83 | |
| 6 cuotas de $4.617,78 | Total $27.706,71 | |
| 9 cuotas de $4.111,56 | Total $37.004,11 | |
| 12 cuotas de $3.532,70 | Total $42.392,48 |
| 3 cuotas de $8.898,17 | Total $26.694,53 | |
| 6 cuotas de $4.975,78 | Total $29.854,73 |
La jirafa es muda. No habla, no contesta, no dice ni mu (porque en ese caso sería una vaca, claro).
Nosotros lo sabemos, pero los animales de la selva no, y del más grande al más chiquito se burlan de ella. Por muda y por estirada. Aunque estirada sí que es, sobre todo, la parte del cuello. La jirafa es diferente y les da risa.
Hasta que un día pasa algo terrible, peligroso, catastrófico. Y la jirafa, que no habla, se tiene que hacer entender; y los animales, que se ríen, se tienen que dejar de reír para entenderle.
¿Se podrá hablar sin hablar?
